19/9/17

Antonio Martínez Ferrer - Memorias / Ferran Aisa


MEMORIAS DE ANTONIO MARTINEZ I FERRER



FERRAN AISA



Portada del libro


La editorial Amargord de Madrid ha publicado recientemente las memorias de Antonio Martínez i Ferrer (Alzira, 1939), uno de los poetas (como dice la solapa del libro) más respetados de la poesía de la Consciencia Crítica actual. Libro que se ha presentado el pasado mes de julio en la localidad onubense de Moguer, en la Casa Natal de Juan Ramón Jiménez, dentro de los Encuentros Poéticos Voces del Extremo. En estos Encuentros Antonio Martínez Ferrer recibió un afectuoso homenaje de los asistentes al acto. Antonio Martínez antes de jubilarse trabajó en el sector de la Artes Gráficas y ocupó una gran parte de su vida a luchar contra el franquismo y, posteriormente, fue crítico con los partidos y sindicatos que firmaron el consenso de la Reforma Política que dejaron atrás los sueños de una ruptura. Una traición consumada materializada en la monarquía parlamentaria pero alejada del espíritu revolucionario de tantas personas que lucharon por ideales de emancipación humana o incluso tan sólo por una República federal avanzada en lo social. Por su participación en la lucha obrera fue perseguido y despedido de su trabajo. Militó en organizaciones obreras de clase y fue miembro del PCE (ml) y del FRAP. La represión que sufrió de la dictadura franquista le llevó al exilio en Francia ,le siguieron los años difíciles de la persecución policiaca, las detenciones de compañeros, los fusilamientos de camaradas, la muerte del dictador. Su lucha continúo en los tiempos de la transición y siempre fue un defensor de las injusticias. Los sueños utópicos siempre estuvieron presentes en el ideal de Antonio. Ya de mayor se hizo poeta, vocación que había sentido desde joven. Sus primeros libros de poemas aparecen cuando ya ha cumplido los sesenta años, pero, desde entonces ha publicado diversos libros y ha participado en numerosas antologías poéticas. Es autor, entre otros, de El rumor del patio (2003), El grito del oasis (2007), Efectos secundarios (2008), Corre, corre, niño de arena (2009), Senderos (2010) y Huellas (2011). Algunos de sus poemas han sido traducidos al portugués y a la lengua catalana de Valencia. La fuente inspiradora de Antonio Martínez no se detiene y en su Barraca guarda otros poemarios esperando ver la luz. Su voz poética ha estado presente en los diversos   Encuentros de Voces del Extremo y en otros festivales poéticos.

Estas memorias de Antonio Martínez i Ferrer que, con el título de Para la libertad. Memorias de un padre asesinado, acaba de publicar Amargord, podríamos afirmar que son tres libros en un solo volumen, aunque, eso sí, mantienen una unidad de conjunto que la convierten en una pieza de emocionante documento testimonial de dos épocas diferentes: la represión franquista que siguió a la derrota republicana y los años duros de la postguerra donde Antonio creció y se hizo hombre, alcanzando un grado de conciencia obrera que le llevó a militar en organizaciones antifranquistas. Se incluye junto al libro un sobre con la reproducción facsímil de cuatro tarjeras postales de su padre dirigidas a su madre, Purificación Ferrer Pérez, a su domicilio de Alzira (Valencia). Desde la primera con el clásico “Saludo a Franco” con fecha “12-12 año de la Victoria”, en la que escribe: “Inolvidable y querida Esposa. Mucha será mi alegría si al recibo de esta te encuentras bien en compañía de nuestro simpático hijito y demás familia. Yo quedo sin novedad.

Purita supongo que ya sabrás dónde me encuentro, Yo como antes te digo estoy bien, lo
único que aquí necesitamos es un poquito de dinero y tabaco, pues aquí podemos comprar comida y frutas. La ropa la tienes que mandar todos los Martes y la visita es cada 21 días o sea que a nosotros nos toca el día 26 de este mes, cuando vengas tienes que traer el certificado de vacunación para poder hacer la visita.
Purita encárgate de comunicar esto a Rosa y a María y al resto de la familia. Le dirás a los padres que yo estoy bien y comunícaselo también a Pepe. Si puedes mandar dinero lo harás por giro Telegráfico y pronto. López está conmigo entrevístate con Emilieta y con el señor España y dale recuerdos de mi parte. Y sin más le darás besos a los sobrinos y todos los cuñados y cuñadas y tíos y demás familia y amigos. Abrazos para los padres y hermanos y vosotros mi esposa y mi querido hijo recibir el cariño y besos de este que os quiere y no os olvida. Antonio Martínez.
Las señas van en el remitente. Escríbeme pronto. Adiós.”
Antonio Martínez García fue unos de los miles y miles de republicanos derrotados por el fascismo criminal que se adueñó de España por cuarenta años. Había formado parte de las Juventudes Socialistas Unificadas e hizo la guerra en la 54 Brigada Mixta 215 Batallón del Ejército Popular de la República Española. Una herida de guerra llevó al joven soldado al Hospital de Evacuación del Ejército de Levante, en Alzira, y allí conoció a la enfermera voluntaria Purificación Ferrer, entre los cuales nació el amor, casándose muy pronto por lo civil. Fruto de ese amor fue el nacimiento en julio de 1939 del autor de este libro, Antonio Martínez i Ferrer. El libro cuenta con el prólogo del poeta y escritor Matías Escalera y con una aclaración al lector del propio autor. Del primero recupero este párrafo: “Cuando en la Barraca, frente a la Serra de les Agulles, la Sierra de las Agujas, entre los naranjales, antes y después de las paellas que compartiríamos cada vez que lo visitaba, iba desgranando algunas de las anécdotas y aspectos más sobresalientes y llamativos de este intenso periplo vital, veía y anticipaba en mí ya toda la potencia contenida finalmente en este libro, y sabía que todas aquellas experiencias, toda la innata sabiduría que las atravesaba en su relato, debían ser compartidas con muchos más.” Del segundo escojo el párrafo siguiente: “Estimado lector, este libro son, en realidad, dos historias que se desarrollan al unísono página a página, en ellas encontramos, por una parte, las tarjetas que mi padre le escribió a mi madre desde la Prisión Celular de Valencia desde el día 12 de diciembre de 1939 al día 31 de octubre de 1940; y, por otra, está mi vida, desde el día que nací el 23 de julio de 1939, hasta finales del 2014.” Pero a mi parecer creo que este volumen recoge tres libros en uno que se complementan: las tarjetas del padre, los versos que acompañan cada letra y las memorias de Antonio. Matías Escalera nos lo recuerda: “Pero hay algo más que sorprenderá al lector de este extraordinario libro de memorias, uno más de los aspectos que lo diferencian de otros, su discurrir poético. Antonio Martínez i Ferrer contrapuntea cada una de las tarjetas de su padre con versos de tal altura lírica y emoción tan depurada, que ellos solos, en sí mismos, justificarían el libro entero.”  Uno de esos poemas de Antonio Martínez i Ferrer, dice:



                        Dejar que fluya la ilusión

                        vestirse de amaneces para regresar

                        y con la palabra del niño

                        abrazar al hijo entre las líneas

                        verse en el principio

                        jugueteando con el tiempo

                        para poder encontrarse

                        entre un poema de brotes de primavera

                        y ser por un momento el otro yo lejano.       



El autor escribe sus recuerdos en un diálogo con el padre asesinado en la prisión de Valencia, con un padre que apenas conoció y con el cual estuvo en sus brazos dos o tres veces. A pesar de ello el peso de la memoria es muy fuerte y el lazo familiar con su padre es realmente apasionante. Antonio Martínez en estas memorias recrea su vida más íntima desde que es un niño hasta su edad adulta en una constante confesión a su padre fusilado que hace estremecer a los lectores de este. magnífico testimonio de 75 años de vida; por otro lado, entronca con la vida cotidiana, social y política de nuestro país y casi me atrevería a decir de nuestra época con un dinamismo narrativo excelente. Antonio Martínez i Ferrer escribe directamente a su padre todos los avatares de su vida como si le contestará con años de retraso las 163 tarjetas que su madre recibió. Una a una recompone con las letras de las tarjetas sus pasos a través del tiempo: estudios, trabajos, amores, luchas, ilusiones, decepciones, etc. Le habla de su madre, de sus familiares, de sus vecinos, de la boda de su madre con un hombre bueno que será como un padre para él y de sus hermanos. Le presenta a su prometida Antoñita con quien se casará y luego a cada uno de sus hijos y más adelante le hablará de sus nietos (bisnietos de su padre), del trabajo, de Alzira, de los cambios políticos, de la corrupción de nuestros días, de su afición a la poesía y de todas las peripecias que ha pasado al largo de su vida.

La última tarjeta del padre llega el 31 de octubre de 1940, a pesar de todo a lo largo de las 163 letras escritas no se ve pesadumbre si no una cierta esperanza del preso a salir algún día en libertad. Se dirige a su adorada esposa, a su querido hijo y recuerda a sus padres y hermanos y a sus amigos lo mucho que los aprecia. En ésta última tarjeta de su padre, entre otras cosas, escribe: “Cuanto me alegra y satisface saber que nuestro hijito, ya es casi un hombre, y que es tan bueno con su dulce Mamá, esto es lo que yo deseo y quiero de él; Dile a los padres y hermanita que me acuerdo mucho de ellos en todo momento, y diles también que el Pepe sigue bien y con muchos ánimos y a mí no me faltan tampoco en ningún momento de esta triste separación. Muchos besos y abrazos para ellos y caricias sin fin para nuestro mayor y más grande tesoro y cuida mucho de él. Besos para todas las hermanas y hermanos Marcial y Pedro y tú que lo eres para mí recibes la seguridad de que tu esposito te quiere, y está muy satisfecho de ti, te quiero y te querré hasta la eternidad tuyo y de nadie más, tu Negre.” Al alba del día siguiente Antonio Martínez García era fusilado en la cárcel de Valencia. Su hijo Antonio Martínez i Ferrer, al llegar al final del diálogo con las tarjetas de su padre, escribe este emotivo poema:



                        Esta pluma de amor

                        ya no caminará en las tarjetas

                        la mano se ha roto

                        entre olivares

                        frente al pelotón de la ignominia

                        esta voz es un silencio

                        que sobrevuela el lugar

                        de las palabras y las miradas

                        el asesino ha escupido el plomo

                        rompiendo las arterias del hombre

                        pero supiste sembrar en buena tierra

                        y yo tu fruto escribe estas palabras

                        en tu memoria y honor al padre y hombre bueno.



Antonio Martínez i Ferrer no solamente ha recuperado la memoria de su padre, sino que ha convertido su monólogo en un diálogo abierto a todos los lectores que, a través de las 650 páginas del libro son testimonios de la talla humana de una persona ejemplar que ha dedicado su vida a su familia, al trabajo, pero también a los demás, sobre todo a los de su clase, los de abajo, los que tienen sus raíces y su identidad en el mundo obrero y campesino. Estas memorias son testimonio de su tiempo y no le faltan ni la energía revolucionaria ni el sentimiento poético. Y a pesar de la situación del mundo y de la clase social a la que pertenece, aunque ahora está jubilado ve como brotan nuevas ilusiones como fue el 15-M o los Encuentros Poéticos de Voces del Extremo. Todavía ahora que ya tiene setenta y muchos años continúa manteniendo la fe en el ser humano.
La comunicación con el padre, que le fue arrebatado por las balas asesinas, es el leif motiv de la historia de este libro y a él se dirige para explicarle con todo detalle que ha sido de su vida y cómo ha evolucionado el mundo. Y ante el futuro oscuro de nuestros días, Antonio Martínez i Ferrer, no se resigna y aspira a un mundo mejor: “Sin embargo, no me resisto a este destino, aunque me sangren las palabras y los pies por las múltiples derrotas sufridas y el camino recorrido, no me resisto a abandonar el calor de las barricadas de la razón, ni las razones que abogan no solo por la supervivencia de nuestra especie, sino por un futuro de igualdad y justicia para todos.
Y, por eso, sigo reivindicando la necesidad de romper con este sistema que se ha corrompido y ejerce su poder mediante la explotación y la depredación de los bienes naturales y de la fuerza y de la vida de los trabajadores, de esos hombres y esas mujeres que son los únicos que crean y hacen posible el bienestar común; mientras sus amos, dueños del capital, han hecho de la acumulación del dinero el dios todopoderoso que todo lo corrompe y que niega el carácter humano de nuestra especie, convirtiéndonos a todos en instrumentos de su degenerada e insaciable avaricia, en un enloquecido mercadeo que niega y nos arrebata el futuro Por eso, querido padre, aún no he desesperado y aún mantengo en pie las ideas por las que tú fuiste asesinado y por los que yo mismo di y arriesgué tanto.”
Bien, tan sólo me queda decir: Chapeau! Y recomendar este libro como un legado humano, testimonial y vital de una persona que ha vivido una época que nos ha marcado a todos y que vale la pena no olvidar. Como tampoco hemos de olvidar aquellas personas que lucharon (y luchan) para hacer diferentes las relaciones de los seres humanos en un mundo de libertad, solidaridad y  justicia. Y acabo con los versos de Miguel Hernández que dan título a este libro: “Para la libertad / sangro, lucho, pervivo…” Gracias Antonio por tu ejemplo y por estas magníficas memorias.

Ferran Aisa-Pàmpols

(Barcelona, 18 de septiembre de 2017


17/9/17

País normal capitalista / Ferran Aisa

DOS POEMES DE SENSE BANDERA DE FERRAN AISA



(Portada del llibre de F. Aisa)




PAÍS NORMAL CAPITALISTA



                                    Això és normal

                                    en un país normal.

                        (d’una cançó de Sílvia Tomàs)    



Catalunya vol ser un país normal

com tots els altres que són normals,

diu el president de la Generalitat,

és a dir, un país normal capitalista.

Diuen que en un país normal és normal votar,

però en un país normal capitalista

també és fàcil no tenir feina

i si la tens acostuma a ser precària.

En un país normal capitalista

és normal parlar de democràcia,

i dir que hi ha llibertat per a tots,

però que manin sempre els mateixos.

En un país normal capitalista

és normal que els aturats se’ls hi acabi l’atur

i amb ell la prestació que cobraven.

En un país normal capitalista

és molt normal que et prenguin la casa

per no poder pagar el lloguer o la hipoteca

i que vingui la PAH a defensar-te.

En un país normal capitalista

és normal que els immigrants no tinguin papers

i que el Capital no tingui fronteres

i els capitalistes circulin lliurament.

En un país normal capitalista

és normal pagar impostos

per potenciar les forces d’ordre,

i les “humanitàries” forces armades.

En un país normal capitalista

és norma que la repressió caigui sempre

contra els rebels, els pobres, els diferents

i contra els que s’aixequen contra la injustícia.

En un país normal capitalista

la presó és majoritàriament per els d’a baix,

els de dalt sempre s’escapoleixen

i la policia queda gairebé sempre impune.

En un país normal capitalista

és normal que la independència

només sigui pels que continuen manant,

i els manats no tinguin altre dret

que el del seu vot cada quatre anys.

En un país normal capitalista

és normal que amb la independència

els aturats continuïn a l’atur,

el pobres no deixin de viure en la precarietat,

mentre els amos són cada vegada més rics.

En un país normal capitalista

es normal que hagi milers de cases buides

i que l’especulació continuï generant

riquesa per a uns pocs que l’amaguen a Suïssa.

En una país normal capitalista

és normal que s’organitzin el pensionistes,

els afectats per la hipoteca

i que els treballadors proclamin la vaga general.

En un país normal capitalista

es normal que els joves sense local

okupin un banc o un espai municipal

per convertir-lo en un centre social

autogestionat.

En un país normal capitalista

és normal que el govern

enviï els mossos ha desokupar locals

o desnonar habitatges en nom del Capital.

En un país normal capitalista

és normal que el govern enviï els mossos

a desokupar pisos  i locals en nom del Capital,

i que s’armin aldarulls pels carrers.

En un país normal capitalista

és normal manifestar-se, protestar

cívicament,

aixecar barricades, encendre contenidors,

rebre pals de la policia i ser detingut.

En un país normal capitalista

és normal que els revolucionaris

vulguin fer la revolució

i declarar l’autogestió generalitzada.

En un país normal capitalista

és normal iniciar el procés de desaprendre

per continuar solidàriament aprenent

a autoorganitzar-se amb suport mutu.

En un país normal capitalista

és possible fer perfomances

sortir al carrer a protestar

sense necessitat de cap estelada.

En un país normal; és normal votar

per la independència d’un nou Estat

que calca el que ja té i esdevé

en continuador de l’Estat que vol suprimir?

En un país normal, és normal votar

per aconseguir crear un país normal,

com el que ja tenim amb deutes

i amb la globalització neoliberal?

En un país normal capitalista,

es possible ser independents de la globalització?

En un país normal capitalista,

ser independent significa ésser lliure?




“POBLES-ROBINSON”



“EL DIA EN QUÈ ELS OBRERS DE TOT EL MÓN PENSIN

MÉS EN LLURS PENES QUE EN COMPLIR EL DESIG

DEL CAPITAL, JA NO EXISTISTIRAN POBLES: HI HAURÀ

EL POBLE, ENTENGUÍS BÉ, SENSE FRONTERES; PERQUÈ

ELS AMOS NO EN TENEN, I AIXÒ QUE S’HI ENGREIXEN

COM A PORCS EN EL PAÍS ON VIUEN.”



Joan Salvat-Papasseit va escriure aquest text quan tenia

vint-i-dos anys i el va publicar l’any 1916 a Sabadell Federal.

Salvat-Papasseit volia ésser un glossador socialista, un pensador llibertari,

un poeta del carrer, un lluitador social, un enemic del poble com Ibsen.

Salvat-Papasseit ja sabia aleshores que cap persona és il·legal,

ni tan sols els “sense pàtria” que també són fills de la terra.



“JO NO EN TINC PROU NI GENS QUE EL LLOC ON  HE NASCUT

TINGUI UN CEL BLAVÍSSIM, SI SOTA D’AQUEST CEL EM

FUETEJA EL ROSTRE L’ESTIGMA SEMPRE AFRÓS DEL VIURE

AMB VILIPENDI. DESCONEC EL CONCEPTE EN L’ETIMOLOGIA

DE LA PARAULA “PÀTRIA”, PERÒ NO DESCONEC

QUE EN LA REALITAT VOL DIR LÍMIT DE TOT,

FINS DE LA  DIGNITAT DELS HOMES LLIURES.

CADA NACIONALISTA PENSA FER DE SON POBLE

UN POBLE-ROBINSON...”



Joan Salvat-Papasseit sentia la vida com una afrontament que havia de passar,

un somni que havia de viure’l, un amor que havia de tastar,

un camí que havia de recórrer. Se sentia com Nietzsche,

mirant-se a l’espill de Zaratrusta, i alhora hi escrivia:

Ningú vagi a remolc d’allò que pensi aquell del seu costat seu. Altrament

mai s’avença.”



Salvat-Papasseit volia avançar i anar al costat dels gosats, caminar

amb els primers de l’avantguarda, sentir-se l’heroi en la lluita

per la llibertat. Perquè Salvat sabia que “La llibertat no és cara per escassa,

sinó escassa perquè s’ha de guanyar.” Salvat-Papasseit estimava la llibertat

des d’ara i per sempre i volia ésser com a mínim una cuca de llum.

Ferran Aisa-Pàmpols (del llibre Sense bandera, Calúmnia, Mallorca, 2017)







5/9/17

El Raval de Barcelona / Ferran Aisa


CUATRO POEMAS DE FERRAN AISA DEL LIBRO “EL RAVAL DE BARCELONA” (Amargord, Madrid, 2017)







BALADA AL PERFUME DEL BARRIO



Me seducían los aromas viejos del barrio,

los geranios que colgaban en los balcones,

el perfume de las bolas de alcanfor en los armarios

que mataban el misterio de las polillas

y el secreto de las cartas de amor

enviadas desde campamentos militares

que escondían las chicas cándidamente.

Todo era un misterio perdido en un rincón barcelonés,

el olor de las sábanas limpias tendidas en la azotea

y el secreto de las bragas blancas de la vecinita

que me mantenía enganchado en el balcón.

El sonido que hacía el colchonero con las varas

cuando golpea que golpearás la lana,

el olor de pintura nueva de las persianas verdes,

el vaho de los adoquines mojados,

el estiércol de los caballos que la abuela nos hacia recoger

para hacer más hermosos los geranios del balcón,

la peste a vaca que desprendía la Granja Canigó,

el aroma a hierbas milagrosas de Nuria

en la tienda del señor Peret,

el color de azafrán del ultramarinos

del viejo colmado del señor Ton,

la frialdad del hielo en la bodega de los Pons,

el olor a chocolate de la pastelería Queralt,

el perfume de colonia barata de Casa Herminia,

el prurito del café Tupinamba,

la canción del Colacao

que sonaba antes del cuento

del programa Tambor

de Radio Nacional de España.

Poco después llegaba el rock and roll,

con las canciones de Bill Halley

y una balada de amor de Elvis nos hacía temblar

con el perfume a manzana de unos pechos tiernos

que manoseábamos en el último rellano de la escalera

cuando subíamos a la azotea a ver pasar las nubes

y a buscar el paraíso del primer amor.





MALIBÚ



                                    Y el aire, esta luz que reconozco:

                                    ahora y aquí desesperadamente

                                                                       Jaume Sisterna.

                        Noviembre de mi año de nacer y de morir

I

Mi padre venía por la calle del Hospital

de ganarse el sueldo, con una torta

de San Antonio de los burros y el Ciero bajo el brazo,

noticias frescas a primera página:

-¡Una mujer asesinada en el corazón del barrio Chino!...

La leyenda negra del barrio se vertía sobre la ciudad miedosa,

en aquellos tiempos del Caudillo por la gracia de Dios,

en la escuela los compañeros me hacían la burla,

pero yo no vivía en el Chino, si no en Malibú.

Los niños trepaban por las paredes,

tambores de guerra, conjures mágicas, clamores:

-Tombuctú, marabú, gurugú, malibú...



Malibú era otro mundo, sin flores ni músicas,

trabajadores de sueldo bajo, inmigrantes realquilados,

chorizos, putas, transeúntes, tenderos y conspiradores.

En las gramolas de los bares canciones desesperadas,

y en las azoteas chicos y chicas bailaban un rock and roll.



Yo fui feliz en Malibú, un lugar en un ámbito de la mente,

un rinconcito en una guía mágica, mapa insólito de mi ciudad,

un atlas imaginario perdido entre mis sueños.



II

He vuelto a Malibú y todo era diferente:

las calles, las casas, la gente...

Se ha deshecho la magia, el tiempo se ha tragado el encanto:

mi azotea, el palomar del amor, la isla del tesoro,

el sabio qué hacía volar cometas, la bruja del anochecer,

el niño del patinete, la niña de las trenzas doradas,

la señora que regaba los geranios, el perro dormido,

la gatita maula, la ratita que no barría la escalera,

las palomas mensajeras y los vencejos de la primavera...



III

Mi madre cosía en el balón

y lo leía a Robert Louis Stevenson

mirando de reojo aquella niña en su ventanal

entre una hiedra y unes flores.

Jugábamos los adolescentes, capitanes intrépidos,

por las calles del barrio Chino, el viejo Raval,

a pesar que esto no era Changai, más de uno gritaba:

-¡Viva Fuimanchú!... La calle era una fiesta

llena de sabiduría ancestral... Malibú te enseñaba secretos,

a veces malos pensamientos, sombras y pisadas de un tiempo

con el alma carcomida y habitada por un hurón

que sin piedad se comía la vida y los sentimientos.



En las azoteas se encaramaban los cometas a buscar mariposas al viento,

y, por la noche, el Telstar y el Sputnik, pasaban puntualmente

delante de la mirada curiosa de todos los soñadores de Malibú.

El astrónomo nos hablaba de las constelaciones del universo

y alguien des de una radio de galena sintonizaba la Pirenaica.



Llegaban los yankies del Forrestal, sexta flota del Mediterráneo,

saltaban hogueras de San Juan, hacían algaradas por las calles,

se emborrachaban y se peleaban como si estuviesen en el far west,

y no era ni John Wayne ni Gary Cooper, solo delante del peligro,

si no centinelas de occidente en plena guerra fría

que nos regalaban chicles a los niños y a las niñas,

antes de irse a la cama con las mujeres de mala reputación.



IV

Malibú se extendía por el barrio hasta el puerto con historias canallas,

y otras veces con historias solidarias,

ni marginación ni miseria, si no luz barcelonesa,

de las Rondas a la Rambla, callejuelas de Malibú.

Leíamos Capitán Trueno y Hazañas Bélicas

sentados en las escaleras de un ancho portal,

por la calle pasaba el hombre del saco y la tristeza

de los seres vencidos...



Hemos vuelto a Malibú, un domingo por la mañana,

con la Nikon y los recuerdos, la memoria en el corazón

hecho un pañuelo. No ha quedado nada de Malibú.

han roto mi calle, han convertido en pedazos un sueño...

Malibú era un rincón noble, un sentimiento, una historia

de muchas historias y un sueño de muchos sueños.

Ahora andamos por las ruinas buscando aquellos niños

que jugaban a descubrir el mundo dentro de un calidoscopio

de fantasía y de colores.





TRADICIONES DE BARRIO



Mi calle de tradición anárquica

y las palomas en los palomares

de las alegres azoteas del Raval

con las cometas en el cielo

elevadas por sabios de barrio bajo,

y los chicos mirando la vida

por un agujero,

y las chicas enamoradas

de un cantante de rock

que imita a Elvis.

Las historias de los viejos

del Bar Aurora,

las partidas de cartas,

las historias de tiempos pasados,

Seguí, Durruti, Ascaso

que murió luchando en Atarazanas,

las barricadas de la revolución,

la maldita guerra incivil,

la guerrilla urbana,

la resistencia antifranquista,

la lucha de los libertarios,

metralleta Stein,

Facerías, Sabaté.

El Olvido, la desmemoria,

el silencio,

la paz del cementerio,

el primer amor,

un beso en los labios,

la ropa secándose en el balcón,

los geranios en la ventana

de una muñeca de porcelana.

El año de la gran nevada,

Ramallets y Kubala,

sueño azulgrana;

el circo en la plaza Amalia,

entre la ruina de la cárcel

y los niños que juegan

a futbol;

los cines de barrio,

la muerte de Marilyn,

Raíces profundes:

-Shane, no te vayas...

La Fiesta Mayor,

serpentinas

y banderitas

rojas y gualdas,

el baile en la calle:

-Hasta luego cocodrilo /

no pasaste de caimán...



Los niños juegan

a churro, mediamanga,

mangotero,

a moros y cristianos,

a ladrones y policías,

a indios y cobwoys;

juegos y juguetes,

pelotas de trapo,

tirachinas y patinetes,

tambores y trompetas



Mi barrio antiguo

y sus tradiciones,

el hombre del saco,

el “pinchauvas”

la “Moños”,

el “Moro Musa”

y “una chica con un soldado”

que bailan en la Font del Gat;

todos subidos

al tío vivo,

caballitos que giran

y giran sin parar

en las Atracciones Caspolino

del Paralelo.

Mi barrio y sus tradiciones,

San Juan y las hogueras,

el sereno con las llaves,

los trabajadores que madrugan,

los colchoneros,

los bares de madrugada,

las partidas del siete y medio,

el ladronzuelo de viejas,

la puta rubia que hace esquinas,

la pajillera del cine Argentina,

el vendedor de grifa;

y la Feria de San Poncio

que llena la calle del Hospital

de aromas de hierbas del bosque,

hierbas curanderas,

miel y confitura.



Historias de vencidos,

exilios, miserias,

juegos subversivos,

cárcel Modelo,

hombres y mujeres,

niños y viejos,

todos dentro de una concha

marina,

caracola que nos acerca

el rumor del mar,

versos desesperados,

cartas de amor,

mensajes de náufragos

dentro de una botella

rescatada de las aguas

del Puerto de Barcelona.

El sol y la luna,

las estrellas,

las estrechas calles

del barrio Chino,

ahora Raval,

los zapatos en el balcón

la Noche de Reyes,

calidoscopio de niños,

todo un mundo perdido,

sueño de vencidos

dentro de un tiempo

que, irremediablemente,

se cuela por un agujero

sin retorno.





EL RAVAL



He andado arriba y abajo

por tus calles sucias y estrechas,

llenas de tristeza y de historias,

con la añoranza de otros lugares,

quizá más dignos,

pero no por eso más humanos.

He andado arriba y abajo

por tus calles...,

he subido a la azotea

y he mirado la ciudad,

he visto volar cometas,

y el temblor de la ropa

colgada como banderas al viento

me ha traído el olor de una fiesta en la calle,

el recuerdo sano de una fiesta en la calle,

el recuerdo sano de otro tiempo,

con la mirada de aquella novia adolescente.

He caminado arriba y abajo

por tus calles...,

y siempre he salido al mar,

al áspero muelle de mi Ciudad

que me ha acunado

y me ha visto crecer

entre les arañadas paredes

de estas calles sucias y estrechas.

He caminado arriba y abajo

buscando un camino de salida,

prisionero del laberíntico destino

y del eco de mis pasos,

con la soledad del caminante

por encima de los adoquines

que esperan el inefable baño de asfalto.

He caminado arriba y abajo

por tus calles...,

y he salido al mar a mirar barcos blancos

y a distraerme sin prisa

sintiendo el latido de la brisa

sobre mi rostro moreno;

y he salido al mar.…,

a descubrir la luna blanca,

a veces bandera, a veces mujer

que se esconde, que se acerca, que se aleja

detrás de unes nubes rojas

que rompen el azul del cielo de un atardecer de invierno,

suave y tierno, marinero, melancolía de pájaros,

gaviotas blancas que chillan

por encima de los palos más altos de los veleros,

y las grúas del puerto que danzan...

I he salido al mar.…,

a soñar quimeras casi imposibles,

a pensar que, si queremos, el mundo puede cambiar,

a reírme de mi pobre corazón robado,

a ver las doncellas desnudas de Salvat

disfrazadas de grúa delante del mar,

a llorar por un amor desesperado,

a ver y verter las penas al mar,

a sentir el latido de la ciudad,

y las sirenas de los barcos y el din-dang

de los campanarios...

He andado arriba y abajo

por tus calles...

He ido a tomar un Pastís para escuchar la Piaf,

he vuelto por la libertaria Rambla a pie,

a recordar a mi madre, diciéndome adiós des del balcón,

y mi padre y los amigos que se fueron.

El barrio se rompe a trozos,

y cambia, poco a poco, y se llena de magrebís,

la vida que quedo atrás, la memoria,

el rompecabezas del pasado, calidoscopio de ahora,

y todo dentro de una cajita de magia...

Historias sociales, mitos, héroes, amantes,

transeúntes por las calles del Raval,

la filosofía del trapero,

entre escupitajos, palabras soeces y vino agrio.

Los obreros, los tenderos, las damas de compañía,

las putas arriba, las putas abajo...,

los barriobajeros, los vagabundos, las estatuas humanas,

los nuevos inmigrantes y aquel capitán sin espada,

miliciano de la palabra, ¡combatiendo por la libertad!

He andado arriba y abajo

por tus calles...,

cadenas, auroras, rieretas, carretas, hospitales,

uniones, ángeles, vírgenes, dudas, malnombres,

robadores, rondas, olmos, ceras, flores, paralelos...

I he bajado hasta el puerto

pensando que, quizá, me hubiera gustado

sentirme libre con un barco

y cruzar el mar para buscar el paraíso,

pero, ¿dónde están los paraísos?

Dejando aparte sueños y quimeras,

sé que difícilmente iré nunca

a ningún otro puerto.